El problema de Higinio Martínez no es que quiera ser gobernador del Estado de México. En política, aspirar es legítimo. El problema es que parece no aceptar que la política mexiquense ya pasó por encima de su proyecto personal.
Después de décadas en el escenario político, el texcocano vuelve a dejar abierta la puerta a una aspiración que parecía archivada: la gubernatura mexiquense.
Y aquí aparece la paradoja: Higinio ayudó a construir el grupo político que llevó a Morena al poder en el Estado de México, pero cuando llegó la hora de escoger al candidato, Andrés Manuel López Obrador no apostó por él.
AMLO prefirió a Delfina Gómez.
Aquella decisión no fue menor. Representó un golpe directo al proyecto de Martínez y confirmó que, pese a su estructura política y a los años de operación en Texcoco, no era el hombre de López Obrador para gobernar el Estado de México.
Higinio, sin embargo, no parece dispuesto a tirar la toalla.
Desde el Senado vuelve a asomarse la vieja aspiración. Una especie de candidatura permanente, sostenida durante años, que cambia de escenario pero no de objetivo.
El problema es que la política no suele premiar las obsesiones personales.
Martínez ya tuvo su oportunidad de competir por la candidatura y Morena tomó otra decisión. Delfina Gómez llegó a la gubernatura y el propio grupo político de Texcoco terminó repartiendo posiciones de enorme poder.
Ahora Higinio ocupa la presidencia del Senado y, paradójicamente, desde una de las posiciones políticas más importantes del país parece seguir mirando hacia Toluca.
Como si todos los caminos terminaran conduciendo nuevamente a la gubernatura.
Pero hay una pregunta incómoda que debería acompañar cualquier nueva aspiración del texcocano:
¿Higinio quiere ser gobernador porque Morena lo necesita, o porque él lleva décadas queriendo serlo?
La diferencia no es menor.
Porque una cosa es construir un proyecto político para el Estado de México y otra muy distinta seguir esperando que algún día el poder termine por conceder aquello que durante años se le ha negado.
Y si además se considera el antecedente de su relación con López Obrador marcada por diferencias y por el hecho contundente de que AMLO no lo eligió para encabezar la transformación mexiquense, la eventual nueva aventura de Higinio adquiere un tono todavía más peculiar.
El viejo aspirante no parece cansarse.
La pregunta ahora es si Morena tampoco se cansará de verlo intentarlo.
Higinio quiere la gubernatura. Eso no es nuevo. Lo verdaderamente nuevo sería que alguien pudiera demostrar que, esta vez, Morena también la quiere para él.

