La llegada de Higinio Martínez Miranda a la presidencia de la Mesa Directiva del Senado no fue precisamente tersa. Antes de que el mexiquense asumiera el cargo para el periodo 2026-2027, Gerardo Fernández Noroña se encargó de abollarle la corona con una crítica frontal al proceso que llevó al texcocano a la conducción de la Cámara alta.
Noroña, quien apenas el año pasado dejó la presidencia del Senado y aspiraba a regresar al cargo, se ausentó de la plenaria de Morena donde se procesó la designación de Martínez. En un escrito enviado a sus compañeros, calificó la decisión como un “yerro mayúsculo” y sostuvo que no existió un proceso verdaderamente libre para definir al nuevo presidente.
El petista fue todavía más lejos al advertir que la nueva presidencia podría convertirse en una conducción de “connivencia con la oposición”, en lugar de una relación institucional con las fuerzas opositoras. A su juicio, detrás del llamado consenso se diluyeron responsabilidades y se impusieron decisiones políticas tomadas, según insinuó, fuera del Senado.
Pero el desencuentro entre ambos legisladores no es nuevo. En marzo de 2022, Fernández Noroña llamó públicamente a Higinio Martínez “un corruptazo”, al cuestionar su respaldo al proyecto del aeropuerto de Texcoco. El entonces diputado sostuvo que el senador mexiquense había apoyado la obra porque, según su acusación, tenía intereses inmobiliarios.
Cuatro años después, el contraste resulta particularmente llamativo: el hombre al que Noroña llamó “corruptazo” es ahora quien ocupará la tercera posición en la línea institucional del Senado y encabezará su Mesa Directiva, mientras que el propio Noroña quedó fuera de la disputa por la conducción de la Cámara.
La elección de Martínez fue respaldada por la mayoría de Morena y presentada como un acuerdo de unidad; sin embargo, la rebelión discursiva de Noroña deja al descubierto una vieja disputa política dentro de la llamada Cuarta Transformación y coloca una pregunta sobre la nueva presidencia del Senado: ¿será realmente una conducción conciliadora o, como advierte Noroña, una presidencia demasiado cercana a la oposición?
Por ahora, Higinio Martínez llega al cargo con una vieja factura política sobre la mesa: la de un expresidente del Senado que, antes de verlo convertirse en su sucesor, ya lo había bautizado públicamente como “corruptazo”.

