El sueño y el descanso son, junto a la alimentación y el ejercicio físico, unos pilares básicos para tener una buena salud. Cada vez hay más estudios que explican la importancia de dormir tanto en calidad como en cantidad y que hacerlo las horas necesarias (entre 7 y 8), ni más ni menos, pueden evitar enfermedades. Así lo señala Carlos Egea Santolalla, presidente de la Federación de Sociedades de Medicina del Sueño (FESMES), participante en la inauguración del Curso de Verano ‘Sueño, salud y bienestar’ organizado por la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC).
“Dormir menos de seis horas por noche acelera el envejecimiento vascular y cardiovascular y aumenta de forma significativa el riesgo de sufrir infartos o accidentes cerebrovasculares”. El especialista advierte de que la sociedad actual “atraviesa una situación de privación crónica de sueño sin precedentes y recuerda que un tercio de la población duerme menos de seis horas por noche, una circunstancia que incrementa el riesgo cardiovascular y compromete la salud a largo plazo”.
Durante el acto, Egea explicó que “la relación entre el sueño y la supervivencia sigue una «curva en U», de manera que tanto dormir poco —menos de seis horas— como hacerlo en exceso —más de nueve— incrementa de forma notable la mortalidad por todas las causas”. En este sentido, subrayó que «la regularidad y la duración óptima del descanso nocturno constituyen un pilar biológico determinante e innegociable para la longevidad y la salud del corazón».
La regularidad, clave
¿Cómo se consigue esto? Fácil. Manteniendo un adecuado ciclo de sueño-vigilia. Esto es uno de los grandes pilares de la salud física y mental y resulta determinante para el funcionamiento cognitivo, emocional y social de las personas, especialmente en una sociedad cada vez más envejecida, en la que por primera vez hay más personas mayores de 65 años que jóvenes menores de 20. Según los especialistas reunidos en el curso, dormir entre siete y ocho horas diarias y mantener horarios regulares de descanso constituye una de las principales medidas de prevención cardiovascular y de promoción de la salud.
Cómo afectan el insomnio
Por otra parte, también han explicado que los trastornos del sueño constituyen un problema de salud con importantes repercusiones físicas, psicológicas, laborales y sociales, y insisten en la necesidad de abordarlos desde un enfoque multidisciplinar.
Durante el acto, José Lorenzo Bravo Grande, profesor de Ciencias de la Salud en la Universidad de Salamanca, subrayó que el sueño es “un elemento esencial para mantener un adecuado rendimiento laboral y advirtió de que los problemas relacionados con el trabajo pueden generar alteraciones del descanso, por lo que ha reclamado una mayor concienciación de las empresas sobre estos riesgos y su impacto en la salud de los trabajadores”.
Este problema también afecta al peso y a la obesidad de las personas. Así lo explicó Daniel de Luis Román, de la Universidad de Valladolid, quien explicó que “los problemas del sueño afectan directamente a la ingesta de alimentos y al metabolismo, de manera que una buena calidad del descanso favorece el seguimiento de los tratamientos y las recomendaciones médicas en patologías endocrinas como la diabetes o la obesidad”.
Otro problema relevante es el del uso de medicación para dormir, cada vez más creciente y al que hizo alusión Lara Grau-López, psiquiatra e investigadora del Biomedical Network Research Centre on Mental Health (CIBERSAM). Ella explicó que “los problemas del sueño pueden asociarse al consumo inadecuado de fármacos hipnosedantes y ha alertado de que un uso no controlado de estos medicamentos puede derivar en problemas de salud mental, dependencia y otros efectos secundarios relevantes”.
Crédito: Joanna Guillén Valera / Cuidate Plus

